Aceptado por los lobos
- 9 jul 2020
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Actualizado: 9 oct 2024

Llegó la noche. La luz de la luna era lo único que brillaba. Esa noche sentí el despertar de una nueva vida, mientras caminaba en el bosque. Empecé a olfatear para ver si podía enencontrar algo para comer. Y desde lejos escuché un agudo gruñido, al que después se le sumó un coro de ruidos similares. A medida que avanzaba los escuchaba más cercanos. Después, me di cuenta de que esos ruidos me sonaban familiares, los tenía guardados en mis recuerdos. Seguí caminando, y la llamada era más atrayente que núnca. Ya estaba listo para obedecerla. Al tener el único ser humano que me importó muerto, no tenía más lazos que me conectaran con la sociedad. Ví que una manada de lobos estaba buscando comida como como lo hacían los Yeehats. Me acerqué y me paré en el centro de dónde estaban ellos. Tan quieto como estatua, esperando su llegada. Los lobos se sorprendieron al ver metan corpulento e inmóvil. Hasta que un lobo se arrojó encima mío. Tan rápido como pude contesté al ataque, destrozándole la nuca. Luego seguí inmóvil, como antes, mientras mi enemigo lastimado se revolcaba agonizando atrás mío. Otros tres lobos trataron de herirme, pero uno tras otro se fueron alejando mientras sangraban. Fue suficiente para alejar a toda la manada, confundida por quién estaba "ganándoles". Con agilidad me paré con mis patas traseras y girando empecé a morder. Era como si estuviera en todas partes a la vez. Para evitar que me atacaran por atrás empecé a retroceder hasta que llegué al cauce de un arroyo seco y llegó un momento en el que me recosté contra una de las altas orillas. Seguí moviéndome a lo largo de la orilla hasta que llegué a un ángulo formado por un accidente del terreno. Y allí quedé arrinconado, protegiéndome de todas partes menos el frente que no me quedaba otra que defenderme. Los lobos luego de un rato retrocedieron desconcertados. Estaban muy cansados. Algunos estaban sentados, otros parados, viéndome, y otros tomando agua de un charco en el que reflejaba la luna. Un lobo avanzó con generosidad y fue allí que me dí cuenta de que era mi amigo, hermano del alma cuya compañía había durado una noche y un día. Gemía, y con cariñosidad luego de darle la seña apoyó su hocico contra el mío. Luego un lobo viejo y lleno de cicatrices se acercó. Yo le fruncí la nariz, preparándome para gruñirle pero restregó su hocico con el del otro. Luego el viejo lobo se sentó en el suelo levantó la cabeza hacia el cielo y empezó a aullar. Los demás lobos empezaron a hacer lo mismo. Y ahora la llamada llegó hasta mí con acentos inconfundibles. Yo también me senté y empecé a aullar. Una vez terminada la ceremonia me levanté y todos los lobos se me acercaron para olerme con una actitud medio amistosa. Los jefes llamaron a la manada y todos empezaron a caminar por los bosques. Los acompañé.
Jazmín Laborda

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