El suceso de la ruta 11
- 21 oct 2024
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Actualizado: 22 oct 2024
La Ruta 11 estaba solitaria esa madrugada oscura. Me invitaron a quedarme y partir al mediodía siguiente, pero me fuí. No me gusta pasar la noche en lo de mi hermana; cada vez que lo hago, me despiertan con sus cantos festivos, me atiborran de comida de la noche anterior y me intentan convencer de que adopte a una de las nuevas crías de su perra Coco; todo eso se ve intensificado en las mañanas de Navidad, como esa.
La niebla me dificultaba la visión, pero aún así logré distinguir a un hombre que hacía señas para que lo lleve a Mar del Plata. Aparentaba 20 años, era alto y delgado, y estaba empapado de pies a cabeza, sus rizos caían húmedos sobre sus ojos y su piel era tan blanca como la espuma del mar. Me dió pena, y me ofrecí para llevarlo.
Me dijo que se llamaba Juan y que había tenido un accidente en el mar. No habló mucho durante el viaje, me preguntó si tenía hijos o pareja, y yo le respondí que vivía sola, que la vida es mejor así, sin depender de nadie y que nadie dependa de mí.
Faltando cinco kilómetros para llegar a Mar Del Plata, me distraje un segundo, pero fue suficiente para que desaparezca; ví como rápidamente mi acompañante se desvanecía en una bruma salada, cómo su rostro se congestionaba en una mueca lastimera, una mueca que expresaba nostalgia. Intentó quedarse, pero fue inútil, unos brazos invisibles tiraron de él y se lo llevaron, dejándome sola y confundida.
Unas semanas después encontré en el ropero de mí departamento una leyenda que rezaba: “Acá vivió Juan”.
Anónimo

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