Mi niñera querida
- 21 oct 2024
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Actualizado: 22 oct 2024
Mi niñera era tan dulce como un chocolate, tan bella como una rosa y su tono de voz era más suave que canción de cuna. Todo eso cambió repentinamente.
Un día como cualquier otro yo estaba jugando en la vereda, con los chicos del barrio. En cuanto se hicieron las cinco de la tarde, hice una pausa y fui adentro para tomar una buena merienda con galletitas. Mientras terminaba mi chocolatada, una voz que yo conocía muy bien me llamó desde el segundo piso.
—¡Rodrigo!— Gritó con su voz femenina a la que tanto cariño tenía. Sin dudarlo dos veces subí las escaleras y entré a mi habitación, desde donde ella llamaba.
—¡Hola Agus! ¿Necesitabas algo?— Le sonreí y me acerqué. Agustina, mi niñera, me parecía muy linda, además no era como una vieja cualquiera, ella tendría al menos treinta años; conservaba su juventud.
—Sí, sí. Quería jugar a algo con vos, no sé si estás interesado de todas formas. —Podría haber saltado hasta el techo de la emoción que sentí, ¡los juegos con ella siempre eran los más divertidos!
Asentí y en ese mismo instante, ella tomó mis brazos y los puso en mi espalda, yo quedé totalmente sorprendido por el movimiento desprevenido. Por más raro que suene, nunca tuvimos el mínimo contacto físico. Ahora ella estaba detrás mío, impidiendo que yo me mueva.
—¿Qué clase de juego es éste?— Pregunté de forma ingenua, sin imaginarme lo que pasaría. —No lo jugué nunca que yo recuerde.— —Está bien, no importa, siempre hay una primera vez para todo.— Ella intentó consolarme, pero se estaba volviendo todo más confuso y enfermo. Algo no iba bien y yo lo presentía.
—No me gusta, Agus. Juguemos a otra cosa. — En ese instante sentí cómo una de sus manos me silenció, posándose sobre mi boca. Yo tragué en seco y su agarre se volvía mucho más fuerte.
Empezó a susurrar cosas al oído, pero yo estaba completamente disociado. Mi cuerpo inmóvil y ella aprovechándose de eso, tocándome sin límites con su otra mano. Sentía cosquilleos pero para nada placenteros, era más desagradable e incómodo.
En un momento, no sé cómo, pero tomé valor y pisé uno de sus pies con fuerza, sólo quería escapar de ahí. Me soltó y me insultó, pero eso no la detuvo; en cuanto me alejé ella quiso agarrar mi brazo, pero yo corrí tan rápido como mis piernas me lo permitieron. Bajaba las escaleras con algo de dificultad, mi pantalón estaba desabrochado y eso estorbaba en mi camino. Ella me seguía, lo sabía porque escuchaba cómo me insultaba y a la vez, sus pasos apresurados detrás de los míos.
La cocina quedaba de paso, así que entré y tomé lo primero que ví, un cuchillo de carne. El mango era pesado y me costó tenerlo firme, pero por defenderme tomaría cualquier cosa. Cuando por la puerta ella se asomó, ya no ví a la Agustina de siempre, ahora ante mí había un monstruo. Tenía garras afiladas como cuchillas y sus ojos tan rojos como la sangre. Sentí miedo, muchísimo miedo.
Ella se acercaba y se reía de mí, no creía que yo le pudiera hacer daño, cosa que al no esperarse fue una sorpresa total. Agarró mi muñeca con fuerza y ¡bum! no sé cómo, clavé el cuchillo en la garganta del monstruo.
Pestañé y ví a Agustina otra vez, pero ahora apoyada sobre la mesa de la cocina, tenía la piel perforada y el músculo de su cuello desgarrado. Pude escuchar un gorgoteo cuando el aire y la sangre comenzaron a mezclarse en su tráquea cortada.Tenía los ojos bien abiertos mientras su boca se movía inútilmente intentando respirar o gritar por ayuda, la sangre fluía libremente como una cascada, una totalmente desagradable.
Se terminó asfixiando y los últimos segundos que parecían eternos, se desplomó muerta en el suelo. Yo la miré con asco y dejé el cuchillo a un lado, pateé su cuerpo y quedó inmóvil, como un pez luego de sacarlo del agua. Definitivamente estaba muerta, mi pobre niñera ahora estaba totalmente desfigurada por mi culpa.
Después de la adrenalina que sentí por el momento, tuve un golpe de realidad y me arrodillé junto al cadáver, que ya se sentía frío y era horrible de ver, sentí náuseas por el olor a sangre que llenaba mis fosas nasales.
Mientras pensaba en qué hacer o decir, escuché la puerta de la entrada abrirse, eran mamá y papá que volvían del trabajo.
Messilover1985

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