24 de abril: Genocidio Armenio
- 29 abr 2020
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Por Tomi Helman

¿Se imaginan una vida de miedo y persecución por el simple hecho de tener una nacionalidad? ¿Huir toda su vida de un pueblo que los discrimina, los persigue, los tortura y los mata por nacer en un lugar, hablar un idioma y seguir una religión?
Sí, y el pueblo armenio lo sufrió de 1915 a 1923.
Así lo describió mi tío abuelo Pascual Ohanian, en sus 6 tomos de mil páginas cada uno: “La Cuestión Armenia y Las Relaciones Internacionales”, que se completan con los dos tomos de “Turquía, Estado genocida”, hitos culturales para cualquier armenio.
El 24 de abril de 1915, las autoridades del gobierno otomano (los Jóvenes Turcos) detuvieron y asesinaron a 235 políticos e intelectuales armenios en Estambul. En los próximos días, los casos se triplicaron y siguieron aumentando.
Una orden del General Talaat Pasha ordenó la deportación de toda la población armenia, intentando convencer a todos de que los armenios eran un peligro para la sociedad (y que supuestamente, estaban aliados con los rusos).
Así comenzó la persecución de los armenios; pero la de los hombres, fue distinta a la de las mujeres.
Los turcos creían que los hombres tenían la esencia cultural, la sangre armenia, y que con matarlos a ellos, ya se exterminaba todo el pueblo. Por lo tanto, se focalizaron en matarlos a ellos. Primero los obligaban a participar en guerras y a realizar tareas forzosas, y luego eran torturados por sus propios compañeros de ejército, aquellos de origen turco.
En las mujeres, era distinto. Lo que el Imperio Otomano quería de ellas era sacarles provecho de diferentes formas. Ellas y los niños eran obligados a caminar en caravanas hacia los desiertos de Siria, muriéndose de deshidratación, hambre y frío. Algunos huían sometiéndose a viajes en barco de 30 días. Las mujeres eran abusadas en esas marchas: muchas eran violadas y luego vendidas como esclavas en el interior del Imperio. Otras se suicidaban arrojándose al río Eufrates.
Pero ya sea de una forma u otra, todos eran perseguidos, torturados y asesinados por el simple hecho de ser armenios. Por supuesto, esta persecución tuvo fines económicos y políticos, porque expropiaron gran parte de las riquezas y el dinero de los armenios, robándole muchos territorios (y por eso ahora es apenas un punto en Asia menor).
Aún hoy, el presidente de Turquía Recep Tayyip Erdogan niega los hechos del genocidio, diciendo que las muertes no fueron el resultado de un plan de exterminio masivo, sistemático y premeditado y sostiene que estas se debieron a la crisis que atravesaba el mundo por la Primera Guerra Mundial.
Muchos países, entre ellos Estados Unidos, Argentina, Uruguay, Francia y Canadá, aseguran que fue un genocidio. Hoy se puede decir que hubo 1 millón y medio de armenios asesinados; y acá me encuentro yo, escribiendo este texto sobre lo que les pasó a mis ancestros. Y podría no haber nacido si ello no hubiesen huído a la Argentina.
Aquí presento el pequeño prólogo de “Turquía, Estado genocida”, donde mi tío abuelo explica en breves palabras cómo se llevaron a su abuelo (su papá sobrevivió porque cuando venían a la Argentina se escondió debajo del vestido de su madre):
“Al atardecer golpearon la puerta de la vieja casa. Mi abuelo salió al encuentro de los turcos, quienes irrumpiendo, lo sacaron a insultos y empellones a la calle, donde otros cincuenta amigos y vecinos, también armenios, habían sido arrastrados. Al rato, mi padre, entonces un adolescente, trepando al paredón exterior, relató desde allí cuando veía a su madre, mi abuela:
“Los llevan atados al medio de la calle, papá no deja de mirar hacia acá… Ahora los soldados le obligan ir calle abajo, hacia las afueras. Cada tanto se da vuelta y me saluda agitando sus brazos en alto… Ya están lejos; no lo distingo entre el grupo”.
Es la última noticia que tengo de él. ¿Dónde lo condujeron? ¿Cómo lo mataron? ¿Dónde están sus cenizas? "
El 24 de abril es un día triste, no sólo para mí y mi familia, sino para todos; debemos recordarlo siempre.



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