Capitalismo y ambiente: ¿Qué sabemos realmente?
- 28 abr 2020
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 29 abr 2020
Por Comisión de Ambiente

"No hay planeta B". "Nosotros somos el virus". Se escucha por todos lados. Pero, ¿Es tan así como se dice? ¿Toda la sociedad es hostil con el ambiente? Nuestras industrias toman más de lo que necesitamos y no cuidan al ambiente como deberían. Durante los últimos 50 años las condiciones del ambiente empeoraron como nunca antes, a tal punto que Argentina se declaró en emergencia climática en 2019. Podríamos estar horas y horas hablando sobre la situación mundial pero vamos a enfocarnos en nuestro país. Así como somos el octavo país con más extensión de bosques en el mundo somos de los diez países que más lo destruyen, 8 millones de hectáreas fueron deforestadas en las últimas 3 décadas. Parece mucho, ¿no? Pues lo es, imagínense todo República Checa o la superficie de Suiza y Dinamarca combinadas sin árboles. La deforestación no solo aumenta las precipitaciones anuales sino que también desprotege el suelo. Esto, sumado con los monocultivos, sobre todo de soja transgénica, provocan inundaciones grandes y constantes en el norte del país, como en Chaco. La ilimitada producción, la falta de vegetación y la constante lluvia desgastan el suelo haciendo que este pierda su porosidad y propiedades. Así es como quedan suelos muertos más propensos a inundarse. Así como el ecosistema chaqueño sufre de exceso de agua, otros ecosistemas están pasando por las sequías más grandes de la historia. Este desequilibrio es producto de un sistema de producción tan feroz que pasa por encima de las consecuencias ambientales: el capitalismo. Se considera más importante ganar dinero por la exportación de soja que el daño a los suelos, así como es mas importante deforestar para crear nuevas plantaciones que preservar ecosistemas tan vitales como los bosques. Así se maneja la sociedad hoy en día, sin embargo, no tiene porque continuar así. Con esta pandemia vimos que si limitamos nuestra actividad, la naturaleza revive. Aquí se ve la acción del capitalismo más puro. Un sistema de producción ilimitado que deja enormes huellas de destrucción en el ambiente. Claro queda como la acción de estas industrias quedó detenida con la aparición del COVID-19 y la cuarentena. No solo se detiene o decrece la producción y la actividad de las industrias, sino que también decrece la emisión de gases de efecto invernadero y los impactos en el ambiente. Por ejemplo, en Buenos Aires la emisión de estos gases descendió en un 50%. Es evidente cómo este sistema de producción está dañando a la naturaleza y no a toda la sociedad. Esto no significa que debemos dejar de consumir y encerrarnos en nuestras casas para dejar que todo vuelva a florecer, sino que debemos lograr como sociedad que nuestras industrias alcancen un equilibrio y que realmente todos seamos conscientes de que la tierra es nuestro mayor recurso pero también nuestro hogar. Hay que poner el foco en cómo relacionarnos con el ambiente sin dañarlo. Está más que claro que el sistema de producción no es el adecuado para el ambiente, pero nuestro deber como sociedad está ahí, en buscar cómo rescatar a la Tierra que nos pide ayuda a gritos. No somos una especie maligna ni merecemos la extinción, pero tampoco somos los dueños del mundo. Es más que claro que es el capitalismo y su forma de organización la que depreda al ambiente y no toda la humanidad. No somos mejor que ninguna otra especie que convive con nosotros. Todos somos parte de la madre tierra y así debemos coexistir, sin dominación, sin crueldad, pero sí con amor, solidaridad y empatía, no solo entre los hombres sino entre todos los elementos que componen nuestro hermoso planeta.



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