Los Quijotes contemporáneos
- 2 dic 2021
- 8 Min. de lectura
Actualizado: 9 oct 2024
Cómo el delirante hidalgo ha logrado sobrevivir siglos e impregnarse indirectamente en las juventudes actuales.

«En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor [...]», una frase que es un clásico en la literatura universal y que inicia una obra que sigue (y seguirá) siendo el modelo a imitar de los novelistas de hoy en día. Es tal su relevancia, que no necesité ayuda alguna (sea Google o el propio libro) para copiarla al inicio del artículo.
Es, para quien aún no se haya percatado, la oración que da inicio a las aventuras y desventuras del Ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, la inmortal novela del desdichado cincuentón que en ociosas lecturas de novelas de caballería perdió su uso de razón, a punto tal de aspirar a convertirse en un miembro de la nobleza en pos de vivir las experiencias plasmadas en dichos escritos. Sucede, naturalmente, que aquellos que Don Quijote creía voraces gigantes eran, en verdad, molinos de viento; y aquel que entendía bisnieto del gran Babieca no era sino un esquelético Rocinante. Evidentemente, las vivencias de tan heroicos caballeros se limitaban al producto de la imaginación de escritores contemporáneos a Alonso Quijano: Cervante dio al hidalgo (y a su sociedad en sí) un encontronazo con el mundo verdadero al demostrarle que los caballeros no son invencibles y, como todos, pueden enfrentar a la muerte.
Hace relativamente poco, comencé mi lectura del locuaz hidalgo (me encuentro finalizando el capítulo sexto), y de algo me sonó…
Corría el 13 de abril del presente año, cuando me enteré vía Twitter que la revista británica GAME había llevado a cabo una encuesta mundial, donde se estiman los superhéroes favoritos de cada nación del globo. Entusiasmado, investigué fugazmente en busca del artículo (que logré hallar), del que se desprendía que la Argentina había elegido a Superman.

Desde luego, la noticia no tuvo tanto impacto en mí como para cambiar mi ánimo, pero no me dejaba conforme que fuese Superman nuestro superhéroe preferido. Afortunadamente, mi favorito, Spider-Man, era el más querido a nivel internacional.
Aquello me dejaba un sabor agridulce en la boca, extremadamente matizado: el superhéroe que me vio crecer y desarrollarme era el favorito del mundo, pero no era el de mi país.
Procedí, entonces, a conversar el tema satíricamente con mis amigos, y la mayoría me dio la razón. Concluimos en que los personajes patente de DC Comics (a saber: Superman, Batman, Aquaman, Wonder Woman, Green Lantern, Shazam, Flash, etcétera) son producto de la utopía o una radicalización de lo que hoy se considera un héroe: son entidades terriblemente poderosas que rara vez cometen un error y, cada vez que hacen acto de presencia, salvan a la ciudad de un peligro inminente. Superman es, quizás, quien más representa el arquetipo del héroe contemporáneo del que habla Philip Zimbardo: sagaz, fornido, resiliente, altruista, bondadoso, elocuente, confiable e inspirador.
Marvel Comics, en contracara, ha creado héroes que, si bien siguen siendo arquetípicos, son víctimas de problemas un tanto más mundanos y emparentados con el común de la gente. Al leer el anterior concepto, se me vienen a la mente Spider-Man, Hulk, Black Widow, Hawkeye, Captain America o Iron Man. Parte del opacar cinematográfico de Marvel sobre DC se debe, en buena parte, a que los problemas de los héroes del primero tienden a presentarse de forma más realista y entrañable. No es, a rajatabla, una falencia de la editorial que concibió a Superman, sino dos formas distintas de plantear historias (y a mí, personalmente, me atrae más la manera en la que lo hizo Marvel) que pueden impactar de diversas formas en el lector.
Así concluyó mi debate, y no se reanudó sino hasta que ocurrieron dos eventos que fueron el detonante de la redacción de este artículo:
a) El lanzamiento del primer avance oficial, el 23 de agosto, de la próxima película del arácnido, Spider-Man: No Way Home, pronta a llegar a la gran pantalla para el 17 de diciembre del 2021. La misma se cree que promete hacer retornar a los actores que previamente dieron vida al héroe, Tobey Maguire y Andrew Garfield, y que unan fuerzas con el actual Tom Holland para vencer a los Sinister Six. Este hecho, luego de meses de sentir la vida cinematográfica del mismo apagada, me devolvió la emoción de verlo batallar con un vasto balde de pochoclos en mano, tal y como he hecho por prácticamente toda mi vida.
b) El comienzo de mi lectura del Quijote, la cual, al leer pasajes como los enumerados a continuación, me ha servido para forjar la teoría que en estos escritos estoy intentando dar vuelo: i) «Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, [...]; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo». ii) «[...] la claridad de su prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: «La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura». Y también cuando leía: «Los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza...»». iii) «En efeto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más estraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo, y fue que le pareció convenible y necesario, [...], hacerse caballero andante [...]». iv) «En esto, llegó a un camino que en cuatro se dividía, y luego se le vino a la imaginación las encrucijadas donde los caballeros andantes se ponían a pensar cuál camino de aquellos tomarían; y, por imitarlos, estuvo un rato quedo [...]».
De este modo, pude concluir en que lo escrito por Cervantes ha envejecido de la forma más empíricamente correcta posible; de hecho, me atrevo a afirmar que se ha convertido en una de las actividades más recurrentes de las infancias actuales.
Para comprender esta tesis, es irrestrictamente preciso comprender la génesis del Quijote, la cual no esconde secreto ni complicación alguna: es la parodia de un caballero andante. Uno podría decir que no hay correlación alguna entre la novela y las actividades recreativas de los niños. Pero sí la hay.
Durante los albores del Medioevo, se consideraba heroico a quien lo sea desde sus convicciones, ajustándose a sus limitaciones, y en favor de una causa que juzgue válida, que era mayormente la Cristiandad. El modelo de estamentos de la época exigía atribuir al héroe medieval un lugar; se eligió la nobleza, el caballero cristiano. Su estado, asimismo, demandaba un código moral que limitaba el impartir de su heroísmo. En síntesis: 1. Obraba a voluntad. 2. Era altruista. 3. Siempre resultaba vencedor, incluso cuando fuese derrotado. 4. Respondía a la moral cristiana. 5. Atiende referencias al modelo del caballero cristiano. 6. Además de un guerrero, cultivaba la caza, el juego, el canto, etcétera. En esta definición, entran figuras como el mismísimo Cid Campeador, el rey Arturo, Robin Hood, Amadís de Gaula y su hermano don Galaor, Febo el troyano, Reinaldos de Montalbán o Bernardo del Carpio. Retrato de la Mesa Redonda del rey Arturo. Permite comprender la cristianización del héroe.
El giro de 180 grados que dieron en conjunto el Renacimiento, el Barroco y la Ilustración al saber tradicional conllevaron el surgimiento de un nuevo tipo de héroe: un héroe moderno que sintetiza lo innato del hombre, con sus pecados y triunfos, soberbias y humildades, egoísmos y altruismos, dando casi completo foco a su talento, perspicacia y personalidad. Es un héroe que, además, corta todo lazo con las figuras divinas que primaban en la Edad Media y es completamente humano. Los cambios sociales, culturales, políticos y sapienciales que acarreó la Edad Moderna fueron la causa de una infinidad de nuevos arquetipos heroicos, entre los que se destacan: a) El héroe barroco, quien, marcado por la incertidumbre propia de la época, tiene un debate existencial consigo mismo acerca de si la vida es el terror de una pesadilla o el goce de un sueño. b) El héroe romántico, entre los que se encuentra Don Quijote, tiende a perseguir un ideal que solo él logra percibir. c) El héroe byroniano, romántico, enfrascado en un conflicto contra su persona, baila entre la villanía y el heroísmo.
La heroicidad en la Edad Moderna supone la deconstrucción de la idealización del héroe: es una persona excepcional en lo que hace, pero deficiente en todo lo demás. Desarrolla defectos perpendiculares a aquello que lo convierte en un héroe, y es esto lo que se ve en personajes como Phileas Fogg o Sherlock Holmes.
Jorge Luis Borges, refiriéndose a la hazaña de Cervantes al componer el Quijote, sintetiza a la perfección esta nueva concepción del héroe: «[...]. En un siglo y en un país de vanidosa artesanía retórica, lo atrajo lo esencial del hombre, ya como tipo, ya como individuo [...]». Es una auténtica heroificación del ser humano. Don Quijote leyendo libros de caballería al inicio de la novela.
Finalizado este breve tanteo a la historia del héroe, queda hacerse una pregunta: ¿cuántos párvulos se ven diariamente en los parques, disfrazados como sus superhéroes favoritos, jugando a imitarlos?; sin dudar, la cantidad es pingüe.
Volvemos, ahora, al título: Los Quijotes contemporáneos. La finalidad del entero artículo es demostrar que aquellos niños que juegan a ser Spider-Man, Batman, Superman, entre otros, son el Don Quijote de la actualidad. Pero, ¿por qué? El personaje del hidalgo, reitero, se basaba en parodiar a los héroes de su época: los caballeros andantes; aquellos niños también están imitando a los héroes de su época: los superhéroes. Si Don Quijote perdió la cordura con razones como La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura, aquellos niños lo hicieron con Un gran poder conlleva una gran responsabilidad o Un héroe puede ser cualquiera. Incluso un hombre que hace algo tan simple y reconfortante como poner un abrigo sobre los hombros de un niño para hacerle saber que el mundo no se ha terminado.
Al encontrarse en ese camino dividido del capítulo IV, Quijano se quedó pensativo por unos instantes, tal y como lo hacían los caballeros que leía, meditando qué sendero tomaría; aquellos niños saltan de irrisorias alturas y llevan a cabo intentos de piruetas a fin de asemejarse a sus ídolos.
Tal como Don Quijote creía que los molinos de viento eran gigantes despiadados al acecho de un aperitivo, aquellos niños creen que el adulto que los acompaña en su fantasía es el villano a quien deben derrotar.
Esta costumbre de imitar héroes, que, naturalmente, me ha llegado a mí también, es una tradición ya antigua: alcanzó a nuestros padres con el auge de la ciencia ficción de Star Wars, Back to the Future o E.T; a nuestros abuelos con el surgimiento de los spaghetti western plasmados en las películas de Clint Eastwood y, en menor grado, el Zorro; y alcanzó casi a cualquier miembro de nuestro árbol genealógico.
Ser un Quijote contemporáneo es ya un estadio de las fantasías de la infancia. Cuando, después de leer este artículo, vayan a un parque y vean niños jugando a ser superhéroes, no olviden recordar al ingenioso hidalgo que creyó posible revitalizar al mundo de aquellos valerosos y cristianos caballeros que le hicieron descender a la locura.
Gregorio Rodríguez



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